El nombre: Zembla, la isla que nunca existió
El nombre lo sugiere Pyotr Belinskiy, agente del FSB recién llegado a Norilsk. En la sala de operaciones del Departamento del MVD, mientras extiende mapas y señala puntos en rojo, dice que “Operación Zembla” le gusta, ya que evoca la oscuridad perpetua del invierno ártico… y también la sensación de que se están adentrando en un territorio donde la verdad es escasa y muy peligrosa.Zembla no es un lugar real, es una isla ficticia inventada por Vladimir Nabokov en su novela Pálido Fuego de 1962. Una obra que el propio Belinskiy menciona como una de sus favoritas. En Pálido Fuego, Zembla es un reino imaginario del norte, lleno de intrigas, traiciones, dobles identidades y espejos deformantes. Es un lugar donde nada es lo que parece, donde la realidad se parte en infinidad de reflejos y mentiras.
Pyotr no elige el nombre por casualidad, pues sabe que la investigación en la que están metidos no es un caso policial convencional: es un laberinto de mentiras, traiciones internas, sabotajes. Llamarla “Zembla” es reconocer desde el minuto uno que están entrando en un territorio donde la verdad es escurridiza, peligrosa y probablemente mortal.
Svetlana, pragmática hasta el tuétano, no discute el nombre, tan solo espera que las cosas terminen bien. Aunque pone unos límites claros a Belinskiy, el caso de desarrollará según sus reglas, y él deberá mantenerse lejos de sus investigadores hasta que ella no diga lo contrario.
Mientras que por su parte, el lector ya entiende que la operación lleva el nombre de una ilusión. Y en Norilsk, las ilusiones matan.
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